
El vacío, pese a que ha pasado un año, sigue ahí. Desde ayer quería escribir sobre el primer aniversario de la huelga en Canal 40, pero mis ocupaciones -como siempre- me lo impidieron. En la búsqueda de imágenes para este post, encontré unas del grupo de diseño de muebles que decoraba el canal. Ahí estaban, los espacios vacíos de un proyecto periodístico donde ya, en este momento, deben quedar puros desperdicios, ratas, polvo, mugre, olor a cigarro concentrado y cientos de recuerdos encerrados y decorados en banderas rojinegras.
La foto que abre este post es de la redacción; de esa que nos miró pasar apresurados, gritar de una escalera a otra "salva, salva". El ángulo que daba al estudio donde noche a noche se transmitía CNI Noticias, el -le pese a quien le pese- único noticiario que, si bien no era objetivo (ninguno lo es), sí era coherente consigo mismo.

Esta segunda imagen es una perspectiva mayor de nuestras pequeñas pero significativas instalaciones. Durante cuatro años bajé por esas escaleras diariamente para encontrarme con mis compañeros y hacer, sin paga, con tres pesos, cassettes reciclados y muchos sacrificios, un producto periodístico digno. Esa experiencia y aprendizaje no se compra con absolutamente nada.

Y aquí, en esta sala de juntas, mejor conocida como "la pecera", las pocas veces que entré fue para momentos decisivos. Ahí le pedí a Ricardo La Volpe (minutos antes de la mítica bronca con Carlos Albert y su declaración de que México pasaría "caminando" al Mundial) una entrevista para mi tesis. Ahí, Andrés Manuel López Obrador me felicitó por haberme titulado; ahí, en asambleas eternas que nunca llegaban a algo, debatíamos nuestro futuro ante Rafael Ocampo, quien desde la salida de dicha sala de juntas daba sus famosos "sermones de la escalera", palabras de los últimos meses para que la moral no decayera ante la falta de dinero y esperanzas que la sustentara ante una huelga que se veía inminente.
Recuerdo bien. El miércoles 18 de mayo de 2005 fue nuestro último noticiario. Dimos golpe, en ese entonces estaba el escándalo de los consejeros electorales del estado de México. Salimos del estudio y empezamos a recoger nuestras pertenencias más necesarias fuera de allí. Minutos antes, Ciro Gómez Leyva decía al aire que a la mañana siguiente, el sindicato de trabajadores decidiría si este proyecto seguía adelante o no y que, por solidaridad, el resto de las producciones no saldrían al aire. Sólo quedó -justicia simbólica- la transmisión de los testimonios de las víctimas del Padre Marcial Maciel (que ahora, justo un año más tarde, es "castigado" por el Vaticano por sus abusos sexuales contra menores).
Al otro día, las puertas de cristal que enmarcaban todo eso que para mí y para muchos es el mítico Canal 40, se tapaban por unas banderas rojas y negras que, en ese momento representaban una lucha legítima, pero que dos meses después se pervirtió en la historia que todos conocemos ahora (léase, Proyecto 40).
¿Qué puedo decir que no suene a nostalgia, que no sepa amargo por toda la historia de desatinos, injusticias y desaciertos que ha significado el hecho de no tener al aire esa opción televisiva que, pese a todo, era respetada? Nada. No me importa el dinero que me deben (en serio); la experiencia y lo que me dejó ese canal, ese CNI de mis amores, no la compran unos cuantos miles de pesos.
Me gustaría que esas puertas de cristal se abrieran una vez más; oler, aunque sea, esa mugre condensada y pasar por las pocas pertenencias que dejé... antes de salir por siempre, me gustaría voltear a contemplar los espacios vacíos como los que muestran estas imágenes. Suspiraría -como lo he hecho en este momento-, apreciaría una vez más todo lo que ellos significan y saldría. El ciclo, ahí, lo daría por terminado.