20.11.06

La carreta del hobbit

Pues resulta que ya tengo auto. Yo, humilde peatona durante muchísimos años, ahora está descubriendo las ¿bondades? de tener una maquinita que te lleve y te traiga... Desde hace semana y media un Golfito 90, cuatro puertas, color vino y con un arcaico estéreo se puso a mi servicio, gracias a un buen arreglo monetario con mi madre. Pero lo más cagado del asunto es que yo no sabía (no sé) manejar del todo bien. Y para el estreno, justo el mismo día que mi mamá me hizo entrega del armatoste y horas antes de que me dijera "este es el seguro"... Chaz! que le doy a un vocho... porque no me di bien la vuelta (risas, por favor). Pero el poli que tuvo a bien detenerse para ver el desmadrito que había armado a dos cuadras de mi casa me dijo una frase lapidaria que estoy aplicando a pie juntillas: "que esto no la detenga, señorita"...
Pues bien, poco a poco le voy aplicando la ley de la lámina al miedo de manejar en la Ciudad de México, donde parece que a todo mundo se le olvida para qué chigados sirven las direccionales. Ya me lo llevo al trabajo (que no está tan cerquita ni en una zona tan agradable en cuestión de tránsito), a CU y a diversos lugares que necesite. He de agradecer en este espacio a todos los que con sus nervios y sus consejos(en especial al buen Paco que me tiene una paciencia de santo, y a mi hermana, que con las risotadas de estos días ya le ahorré una semana de terapia) me han ayudado a dominar este asunto. Todos tranquilos, ya no he chocado; ya domino màs la primera y poco a poco le meto más pata. Como dice el buen MV, manejar es un estado mental y una comunión con tu estado de ánimo...

En la foto, la parte de atrás de la carreta. A un lado la bellota zapatista y el monsieur Chetes, jejeje, que también con su mal genio me ha ayudado un chingo.

16.11.06

E.R.

De acuerdo. El primer paso para estar en esta corriente es considerar que cada quien la vive como quiere, como puede. Así me doy cuenta que estoy hundida hasta el tuétano y que mi vida ha venido a ser una calle sucia sin salida simplemente por el hecho de querer persistir en una causa perdida. Consciente de esto, no puedo salir y ver hacia otro lado... ¿Cómo, entonces, mantenerte en pie, estoico, cuando sabes que tu propósito se aleja más? ¿No es estúpido? ¿No es como para darle vuelta a la hoja?
Pero siempre un comentario, una mirada, mantiene una leve esperanza de nada y a ella me aferro, a que en un futuro se entienda que quizá nada de eso valió la pena y que el cambio, la evolución, el dejar atrás, es la única manera de crecer... Quizá para ese momento, cuando lo entiendas, yo ya esté muy lejos de el objetivo principal y voltee a ver con nostalgia y cariño cuánto era lo que podía ser y hacer... y que en ese momento ya nada me importe. Pero eso es una estupidez. La causa, como dije, está perdida. Desde mañana, desde siempre, desde el momento de abrir la boca... Creo que mañana olvidaré, para empezar me sobran lágrimas que me tomaré mientras escuchas una tonada irlandesa perdida en lo negro de sus ojos....

5.11.06

Fotografía



Iván me dio el shock... ya se me había olvidado que hubo un momento en que estas personas eran lo más importante. Ahora a muchas las veo como fantasmas, como banda que transitó de paso; que sé, sin embargo, que está bien y le va bien y es feliz. Es sólo que no puedo evitar sentir una nostalgia de aquellos tiempos, como de película antigua...

2.11.06

¿Cuándo es suficiente? Texto catártico después de tres semanas de desaparición

Hace más de un año, el buen y elocuente Carlitos preguntaba en su blog hasta cuándo era suficiente de soportar la pasión y el sentimiento que uno guarda hacia alguien, aunque ni siquieras sepas de su rostro o, por el contrario, lo conozcas bien y ni siquiera puedas acercarte por miles de barreras (mentales casi todas, recíprocas no siempre, culpables muchas veces de una parte). Unos cuantos meses después, en esta madrugada donde se supone que me he amado a mí misma como hace mucho no lo hacía, me desespera tener que desaparecer por horas y no poder quitar de mi cabeza un solo pensamiento: que el objeto (o debería decir ¿sujeto?) de mi deseo, aún cuando todas las señales de la lógica y el sentido común dicten que no es ni será nada más de lo que es ahora ("haber alcanzado el techo de lo que son", diría un otro gran amigo), no se larga de este infierno personal. Que no puede irse porque él mismo, involuntariamente lo creó. Y que cada vez que la realidad me da una de sus maravillosas bofetadas, me hundo en una tristeza que se disipará con una palabra o una mirada.
Estoy harta. Porque tampoco puedo evitar pensar que la recurrencia de esta situación derivará en volver a renunciar a una felicidad anhelada. Quizá sólo sea un capricho, no lo sé...
Creo que lo más sano para apagar este infierno, para matarlo (a propósito de nuestros Fieles Difuntos) sea ya, de una vez por todas, que ese designio revelado electrónicamente por una fuente que jamás me permitió despegarme del suelo se concrete este fin de semana, y que las rutinas hechas al azar se desapeguen y vuelvan al cauce que tenían cuando ni siquiera formaba parte de su cotidianidad. Yo lo pensé, lo dije y lo hice saber: quizá todos seríamos más felices si desapareciéramos de este lugar, de este momento, de esta situación. Pero como todavía no tengo la facultad de vaporizarme ipso facto, creo que tengo que buscarme una buena dosis de amor a mí misma, de felicidad casual o de valemadrismo puro. Pero vuelvo a plantear: ¿hasta cuándo es suficiente?
Ni siquiera el hecho de transgredir me hace feliz...